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¿Para qué sirve un plan B?

¿Para qué sirve un plan B?

En un mundo dinámico y acelerado, muchos se preguntan de qué sirve hacer un Plan B ya que tanto el "destino" luego baraja las cartas y te encuentras partiendo de cero para hacer planes con una nueva realidad y diferentes elementos con los que construir la trayectoria de tu vida a partir de ese momento. En verdad hablamos de planes B incluso en contextos menos universales, tal vez en el trabajo o cuando esté organizando unas vacaciones o una simple velada. Siempre que estemos planeando algo o trabajando hacia una meta, es importante saber para qué sirve un plan B y hacer uno.

Que es un plan B

Plan B significa un plan, un programa, una estrategia, que está diseñado para la prudencia, en caso de que el plan A falla. Es una forma de decir, con esta expresión en un sentido más amplio vamos a referirnos a la necesidad de tener los hombros cubiertos en el caso de que en el programa de acción que tenemos en mente no van bien. Se puede utilizar en muchos contextos diferentes, desde los más importantes hasta los más cotidianos.

Se habla del plan B para las decisiones gubernamentales, la guerra y la paz, pero también a la hora de planificar un viaje a la montaña y pensar qué hacer en caso de que llueva. Tener un plan alternativo es típico de las personas organizadas y previsoras, y también de las personas ansiosas que, sin embargo, también suelen hacer plan C y D porque nunca se sabe. En el ideal colectivo es algo positivo, que se maneje con equilibrio para que la preocupación por el B no absorba la energía necesaria para que sea un éxito.

¿Para qué sirve un plan B?

Es inherente a nosotros y empezamos a plantearnos la pregunta desde muy pequeños "¿Y si sucede que ...?". Inicialmente son vuelos de fantasía pero a medida que crecemos y nos volvemos más responsables y conscientes, estos hipotéticos en la mente pueden traducirse en preocupación por un presente y un futuro que no podemos controlar y que pueden dar la vuelta a la mesa y enfrentar eventos inesperados. Y aquí viene el Plan B, el de repuesto, el que nos dice lo que planeamos hacer en caso de que el plan A encuentre un problema.

Por un lado, puede verse como algo negativo, como un signo de debilidad por aquellos que piensan que su plan no tiene éxito y ya se están preparando para un segundo intento. Y en cambio, muy a menudo el hecho de poner al menos en nuestra mente un Plan B es el signo de la determinación que tenemos en querer lograr nuestro objetivo, tanto que estamos convencidos de que lo intentaremos una y otra vez hasta lograrlo.

No solo eso: también es típicamente de persona pragmática y al mismo tiempo experto, teniendo una alternativa en el bolsillo lista para usar. Se sabe que los tirones existen y esconder la cabeza en un agujero como un avestruz, mantener los dedos cruzados, no recompensa. Mejor con actitud equilibrada, dejando el pánico fuera de la puerta, prepárese para enfrentar incluso lo inesperado con una pequeña táctica.

Cuando necesitas un plan B

La respuesta parece trivial, pero esa respuesta trivial que tiene en mente no es la correcta. No, el Plan B no es útil cuando A falla, sino inmediatamente. Tan pronto como se enfrente a su propio negocio, grande o pequeño.

Piense en ello por un momento e imagine esta estrategia B como una pluma de dumbo, una carta mágica, una superpotencia secreta que quizás nunca desatemos pero que de momento nos hace sentir más serenos y actuar con mayor claridad cuando continuamos con el plan A. La B sirve para no ser utilizada nunca, con suerte, y para bajar la ansiedad de desempeño que podamos tener. Está preparado para hacer que A salga bien, y luego sonreír ante el hecho de que “estábamos listos para cualquier cosa y en cambio todo salió bien en el primer intento”. La certeza de tener los hombros cubiertos nos hace más fuertes, más eficaces.

¿Cómo se diseña un "Plan B"?

Incluso si espera no tener que usarlo nunca, debe prepararlo con cuidado. Así es como.

Identificamos las principales criticidades de nuestro negocio a realizar o el nuestro plan A y elabore una lista de los tres más probables. De los tres "¿y si?" más como. En este punto, ¿qué hacer? Un bonito esquema, esos diagramas de flujo que gustan a los informáticos, en los que dibujar lo que pretendemos hacer, "por si ...". Por ejemplo, pongamos en la primera nube lo que es nuestro. programa de metas, con dos flechas debajo, una para "todo está bien", otra con "algo sale mal".

Ve a la montaña el fin de semana. Con suerte, genial, si algo sale mal, entra en juego el Plan B. Podemos preparar 3, uno para cualquier posible criticidad que hemos identificado. Por ejemplo, "si llueve, pospongo el fin de semana siguiente y esta vez limpiaré la casa e iré de compras para quedar libre para el próximo". “Si mis amigos Marco y Giulia tienen un imprevisto, se lo propongo a Daniele y Mirko que siempre vienen de buena gana”. "Si tengo un trabajo inesperado, lo pospongo pero el sábado por la noche voy al cine con Carmen a ver lo último de Woody Allen".


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